Posteado por: Carlo Zola | 4 septiembre 2013

Elecciones inútiles


image_content_medium_906586_20130826022616Sigo dándole vueltas a la cabeza y aún no desaparecen las reservas que tengo ante la “sucesión” de Griñán. El presidente salido de las últimas elecciones en marzo de 2012 decide retirarse (¿dimitir?) del puesto y Susana Díaz saldrá elegida en el Parlamento Andaluz para sucederle en el cargo con los previsibles votos del grupo socialista y el de Izquierda Unida.

Si en el post anterior mencionábamos la ética, en este también podemos hacerlo. ¿Por qué no se van a convocar elecciones al Parlamento?, ¿Por qué cambian de presidente/ cromo con tal facilidad?. En menos de cinco años el PSOE ha dejado marchar a sus dos presidentes electos: Manuel Chaves se va a Madrid en abril de 2009 y J.A. Griñán deja el cargo en agosto de 2013. Si bien el sistema español/ andaluz no es un régimen presidencialista (ya sé que votamos unas listas de diputados al Parlamento y es este el que elige un Presidente de Gobierno), ¿tan poco importante es esta persona elegida por los ciudadanos que se puede quitar y poner a conveniencia del partido e infravalorando el respaldo electoral conseguido?

Y a tenor de esta sucesión sobrevenida, Susana Díaz no puede ni debe hacer nada diferente a lo que venía realizando el Jefe de Gobierno anterior, dado que este (en teoría) estaría llevando a cabo el programa electoral presentado a los electores en las últimas elecciones de marzo de 2012. El programa de S. Díaz es (y debe ser) el programa de J.A. Griñán. No puede haber modificaciones ya que, en caso contrario, estarían estafando a los votantes que optaron por el programa socialista.

El PSOE, en este caso, está despreciando el valor democrático que tienen unas elecciones: no sólo les cuesta ceñirse al programa electoral presentado (realizando cambios y modificaciones de forma sobrevenida ante la primera coyuntura), sino que ya ni siquiera la persona más valorada y visible del partido se mantiene en el puesto para el que ha sido elegida. De esta forma, los ciudadanos/ electores recapacitan y concluyen que su voto no sirve ni para elegir programa, ni para elegir Presidente.

Posteado por: Carlo Zola | 3 septiembre 2013

¿Darías de comer a un fumador?


¿Tienen los pobres derecho a fumar? ¿Es el tabaco un vicio irrenunciable? Y la comida, ¿acaso no es una necesidad vital ineludible? ¿Fumas mientras tus hijos pasan hambre? ¿Debemos pagarle la luz y el agua a los que se gastan dinero en tabaco? ¿Cuál es la prioridad del individuo, del ciudadano? ¿Están subvencionando nuestros impuestos la compra del tabaco en cajetillas? ¿Quita el hambre el tabaco? ¿Engañan al estómago los cigarrillos? ¿Qué es lo que te molesta de estas preguntas? ¿Darías limosna a un mendigo que fuma Marlboro? ¿Y si fuera tabaco de liar? ¿Crees que antes de fumar hay que comer? ¿Has dejado el tabaco por la crisis y ellos no? ¿Te da vergüenza fumar en público desde que estás parado? ¿No habías reflexionado sobre esto?
¿Sabes cuánto vale una cajetilla de tabaco rubio? ¿Es ético la entrega de alimentos a fumadores? ¿Es imposible abandonar el hábito de fumar? ¿Es tan poderosa la adicción al tabaco o es falta de voluntad? ¿Fumarías si tus hijos pasaran hambre? ¿Crees que todos piensan como tú? ¿Por qué sigues leyendo lo que escribo? ¿Quieres saber a dónde se dirigen estas preguntas?
¿Habría que pedir un certificado de no fumador para entregar alimentos? ¿Y si huele a tabaco? ¿Le negarías los alimentos? ¿Tienen derecho a fumar los pobres? ¿Y a qué más? ¿También tienen derecho a conexión a Internet? ¿Por qué?
¿Y qué más le prohibirías poseer a los que piden alimentos? ¿Unas zapatillas deportivas, un reloj, una cadena conmemorativa, calzoncillos, una televisión (obviamente, dos), un hijo (obviamente, dos y tres y cuatro)? ¿Sexo, amor? ¿Vivir? ¿Les prohibirías la vida?
¿Tú has pedido comida alguna vez? ¿Seguro? ¿Y si te tocara? ¿Y si te echaran de tu trabajo? ¿Dejarías el tabaco? ¿Te darías de baja en Jazztel o en Orange? ¿O le pedirías comida a Caritas o a tu ayuntamiento antes de hacer eso? ¿Crees que tú también tienes derecho a fumar como los demás? ¿A qué tienes derecho: a fumar o a comer? ¿Sabes cuántos alimentos se pueden comprar por el precio de una cajetilla de tabaco? ¿O crees que fumas poco? ¿Qué es poco, uno al día? ¿Es el tabaco un artículo de lujo? ¿Y un coche? ¿Y una moto? ¿Deberíamos dar de comer a los que tienen moto? ¿A los que consumen gasolina? Así,  ¿Hasta dónde podríamos llegar? ¿Quién pone los límites?
¿Por qué la Alcaldesa nunca dijo nada del tabaco? ¿Fuma la Alcaldesa? ¿No le importa que fumen los que le vienen a pedir comida? ¿Sabe la Alcaldesa cuánto vale una cajetilla o cree que cuesta ochenta céntimos como los cafés de Zapatero? ¿Sabe la Alcaldesa cuánto cuesta una conexión adsl en el hogar? ¿Sabe la Alcaldesa que la ciudad de Cádiz tiene espacios wi-fi gratuitos? ¿Por qué se preocupa la Alcaldesa del consumo de Internet de los alimentados y no de su consumo de tabaco? ¿Prefiere la Alcaldesa a los fumadores que a los internautas/ opinadores? ¿Es el dinero o es la opinión lo que le preocupa a la Alcaldesa?

La Alcaldesa repartiendo ceniceros para fumadores en La Caleta

La Alcaldesa repartiendo ceniceros para fumadores en La Caleta

Posteado por: Carlo Zola | 18 diciembre 2012

Badián no es un anís


El escritor, Jose Rasero, se sentó nervioso frente a los asistentes. Era uno de los momentos más esperados por él, y por los suyos. Era el momento de la presentación de su última novela “Badián no es un anís”, un trabajo que le había llevado los últimos tres años y para el que había tenido que visitar varias veces la población gallega de A Pobra do Caramiñal, en la comarca de Barbanza. Mientras se sentaba en la silla, como un acto reflejo del que no se tiene conciencia, sacó del bolsillo derecho su paquete de Ducados para dejarlo en la mesa justo delante del soporte del micrófono. Hacía solo unos minutos, en la puerta del bar, se había fumado “el de antes del acto” como le había comentado humorísticamente su hermano Antonio, uno de sus grandes apoyos en los momentos de dificultades. “¿Lo tienes todo listo?”, le preguntó Jose entre aspiraciones de tabaco negro. “Listo, sólo falta darle al botón rojo”, contestaba Antonio, refiriéndose a la cámara de video digital ya colocada sobre un trípode para grabar las palabras de su hermano pequeño.

Antonio no fumaba Ducados sino tabaco de liar, muy consumido últimamente por los fumadores debido a los altos precios que estaban alcanzando las cajetillas. Daba la impresión, por las dificultades que pasaba Antonio para liar el cigarro, que no era fumador habitual o que era reciente en el arte del liado. Antonio, en esos instantes previos a la presentación de la novela, estaba orgulloso de su hermano, no en vano, esta novela era consecuencia de diversos pesares que ambos habían pasado juntos en los últimos años. Los dos habían sufrido la muerte de personas queridas y cercanas y se habían tenido que apoyar mutuamente en esas circunstancias para mantenerse de pie. Antonio era más alto, más grande y más mayor que Jose. Tenía un aspecto moruno, de hecho, cuando se le veía por la ciudad paseando a su perro, no parecía uno de nosotros, más bien como si fuera importado: pelo rizado, barba blanca, corpulento, con cierto aire al mítico jugador de balonesto de la NBA, Wilt Chamberlain que una gloriosa noche consiguió cien puntos jugando con los Philadelphia Warriors.

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(Fotografía realizada por Antonio Rasero Balón)

El escritor, Jose Rasero, se revolvía en su asiento mientras su amigo y colega, Florencio Ríos Brizuela, Chencho, Zócar, lo elogiaba hasta las trancas por una novela que calificaba de novedosa y moderna en el panorama literario patrio. Chencho, ilustrador, dibujante, poeta, escritor y librero de viejo sujetaba con su mano izquierda un folio donde había escrito la presentación que Jose le encomendaría unos días antes. No escatimó en elogios para con el escritor y amigo. Aquel se lo merecía: por escritor y por amigo. Chencho había llegado puntual desde Jerez donde llevaba unos años residiendo, intentando sobrevivir con la venta de sus libros en un puesto ambulante en las calles comerciales del centro. Hace unos años había cerrado su pequeña librería de viejo, “Un Azul como la mar de Cádiz”, en una pequeña calle peatonal con pocos peatones. Allí, refugiado tras innumerables volúmenes, acompañado por Joyce, Galdós, Adolfo de Castro y Pemán, escribió un extenso centón gaditano titulado “Ulisen Cai”, una obra sin parangón en Cádiz. El libro lo vendía Chencho a dos precios: los que habían quedado maltrechos tras un incidente con la lluvia a un precio y los que se habían mantenido intactos a otro. Chencho, el artista antes conocido como Zócar, es un hombre con dos, o tres, siglos de retraso o quizás sea un beat que acompañó a Kerouac y a Burroughs recorriendo la Ruta 66 americana, o un romántico contemporáneo de Baudelaire que se ha pasado de frenada y ha alcanzado nuestro tiempo y nuestra ciudad.

El bar, La Antigua Parra del Veedor, en la vieja calle del Veedor en el barrio del Mentidero de la Trimilenaria Cádiz era el lugar que el escritor había elegido para presentar su obra. La Parra del Veedor ya no podía ser más antigua ni tener más edad de la que tenía y que nadie sabía cuál era. Al fondo del local, junto al estrecho pasillo que da a los aseos, se encuentra un gran espejo que da amplitud al salón con la inscripción del año de fundación, únicamente a modo de referencia: 1791. Casi ná. El espejo lo mandó fabricar Pepe Bernárdez que regentó el local hasta su fallecimiento haría algo menos de una década. Pepe era uno de los representantes de Gadicia como titulaba la noticia del Diario de Cádiz que colgaba enmarcada junto a la entrada y escrita por el redactor, y amigo de la casa, Jesús Bablé. La noticia aparece acompañada de una preciosa fotografía del propio Pepe frente al espejo con la compañía, tras él, de sus dos hijas, Natalia y Cristina, actuales dueñas del local. Ambas forman un tándem perfectamente complementario desde que, tras la muerte de su padre, se embarcaron en la difícil misión de mantener la Antigua Parra del Veedor más nueva que nunca. Mientras, el escritor repasa la génesis de su obra, Cristina se encuentra sentada entre el público. Hoy no está detrás de la barra, como su hermana, hoy no trabaja, lleva varios días sin hacerlo y no lo hará en una temporada: dará a luz el próximo enero. Natalia sí está en la barra, atendiendo al público, procurando no hacer mucho ruido mientras el escritor, Jose Rasero, su pareja desde hace unos años, diserta sobre su obra con el micrófono apagado, a viva voz, de frente, ya sin nervios, con templanza, con seguridad en si mismo. A Natalia se la ve contenta. Muy contenta. Sabe lo que el día de hoy supone para Jose y lo que le ha costado que esa novela haya llegado al papel. Ella ha sido su gran bastón. La dedicatoria del libro no deja dudas: “A Natalia. Con la que sí. Sin la que no”.

Ese mismo día y a esa misma hora en el Oratorio San Felipe Neri de la calle Santa Inés, no muy lejos de allí- de un lugar a otro no hay más de cinco minutos paseando por las calles de Santa Inés, Torre, Plaza de San Antonio y Veedor-, el veterano periodista y escritor norteamericano, Gay Talese, recibe honores por los Premios Internacionales de Periodismo del periódico El Mundo. Al acto asisten el propio director del rotativo, Pedro J. Ramírez, la Alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez y la vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría. Es un acto noble, de elegancia, de corbatas y guardaespaldas. Uno más de este Doce, si no fuera por la presencia de Talese. La elegancia del señor Talese es la habitual en él, la del hijo de un sastre que se convirtió en uno de los grandes del periodismo del siglo XX. Ahora viaja con su grandeza, sus trajes y sus sombreros por todo el mundo. Lo más seguro que no exista conexión alguna entre estos dos actos que sólo tienen en común el amor por las letras de sus protagonistas, dos escritores tan dispares y lejanos, pero que son protagonistas de eventos en la misma hora y en la misma ciudad en dos lugares tan históricos y genuinos como el Oratorio San Felipe Neri y La Antigua Parra del Veedor.

Carlo Zola

Posteado por: Carlo Zola | 19 noviembre 2012

Moreno


Posteado por: Carlo Zola | 15 noviembre 2012

He visto cosas que vosotros no creeríais


Esta mañana, he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto la puerta de los colegios llenas de padres de familia acompañando a sus hijos. He visto padres de familia asomados a las obras donde debía haber viejos pensionistas. He visto padres de familia en el mercado haciendo la compra de la carne, el pescado y la fruta.

He visto una ciudad que se desangra con una hemorragia abierta y nadie es capaz de taponarla.

Carlo Zola

Posteado por: Carlo Zola | 13 noviembre 2012

Gay Talese en Cádiz


 El próximo mes el periódico El Mundo entregará su Premios Internacioanales de Periodismo, XI Edición, en Cádiz. Estos Premios se dividen en dos: el Premio Reporteros del mundo, concedido al gran Gay Talese, y el Premio Columnistas del Mundo, para el periodista ecuatoriano Emilio Palacio.

Gay Talese (Ocean City, EEUU, 1932) puede ser reconocido como uno de los grandes periodistas de la historia de la profesión. En estas semanas donde nos sentimos aún descompuestos por el ERE de El País y, especialmente, de nuestro cercano Diario de Cádiz (24 trabajadores de patitas en la calle), así como, en mi caso particular maltratado y decepcionado por la no publicación de mi columna quincenal (“Sus finos dedos“) debido a la “política de empresa” por parte de La Voz de Cádiz de no publicar nada sobre los despidos de unos compañeros de profesión, mencionar al americano Talese no tiene precio.

De él dicen que escribió el mejor reportaje de la historia, “Frank Sinatra has a cold” (Sinatra está resfriado), publicado en la revista Squire en abril de 1966 (en los enlaces lo podéis leer en inglés y en español). Yo lo he leído en la edición Kindle, incluido en su libro “Retratos y encuentros” (Ed. Alfaguara, 2010). El reportaje sobre Frank Sinatra es bastante largo pero apasionante. Gay Talese está considerado uno de los creadores del Nuevo Periodismo, junto con Tom Wolfe o Truman Capote, por tanto, la narración de los acontecimientos y hechos que él vislumbra y en los que está presente es maravilloso. Dentro de “Retratos y encuentros” podemos encontrar otros grandes artículos como “Alí en La Habana“, “La temporada silenciosa de un héroe” sobre un retirado Joe DiMaggio, y sobre sí mismo, “Orígenes de un escritor de no ficción“.

Otro de los grandes libros de este genio de la observación es “Honrarás a tu padre” (Ed. Alfaguara) sobre la familia Bonanno, una de las cinco familias de la mafía neoyorquina y perteneciente al clan de los Castellammarenses. Talese se convirtió durante años en la sombra de Bill Bonanno, hijo de Joseph Bonanno (Joe Bananas). Así el libro cuenta las zonas íntimas de un miembro de la mafia, cómo se comportan, de qué hablan entre ellos, cuáles son sus relaciones, qué sienten, qué padecen, etc. Algunos dicen que la serie televisiva “Los Soprano” se inspira en esta obra de Talese.

Para mí ha significado un grandísimo descubrimiento este personaje del periodismo. Hace un par de años no lo conocía y ahora quiero escribir como él. Como ocurre con Chaves Nogales. Ha sido descubrirlos y desear leer todo lo que han escrito.

Será muy curioso ver al dandy Talese pasear por las calles de Cádiz. ¿Por dónde lo llevarán? ¿Calle Ancha o la Viña? ¿Quién será su cicerone? Desde luego es un tipo singular.

Carlo Zola

Posteado por: Carlo Zola | 10 noviembre 2012

Expectativas incumplidas


El Doce va tocando a su fin a la espera de la Cumbre Iberoamericana. ¿Qué conclusiones se pueden sacar? Para algunos habrá sido un éxito o un fracaso según a quién le bailen el agua. En mi opinión se puede sentenciar que no se han cumplido las expectativas generadas. Veamos por qué:

Primero. Las expectativas eran excesivamente altas por tanto prácticamente imposibles de alcanzar. Expectativas generadas por las administraciones y su continuo aluvión de construcción o renovación de infraestructuras que se han quedado a medio hacer. En la última década no había semana en la que no nos anunciaran alguna promesa electoral de cara al Doce. En busca de unos votos nos prometieron la Luna para este año.

Segundo. Llegada de la crisis económica. Se ha convertido en el chivo expiatorio para el incumplimiento de las promesas realizadas del párrafo anterior. Resultaría evidente que si el trabajo bien hecho hubiera sido realizado en su momento no estaríamos hablando de esta crisis que sobrevino en el 2007 como culpable de, por ejemplo, no tener ya un segundo puente cruzando la Bahía.

Tercero. Abandono de administraciones al evento. En particular, el Gobierno central, este y el anterior, que no se ha comprometido como debiera en una celebración que, ni mucho menos, se debía limitar al ámbito local: que a la Constitución de 1812 se la llamara “de Cádiz” no significa que fuera de ámbito local sino que fue redactada para todos los españoles de ambos hemisferios.

Cuarto. Incompetencia propia. No podemos caer en la autocomplacencia ni en la tentación fácil de cargar las culpas en otras administraciones o instituciones. Sabemos que no nos caracterizamos por nuestra profesionalización en la elaboración de un producto o en la realización de un buen servicio. Causas muchísimas: desde la falta de formación  a los sueldos bajos pasando por la propia desidia.

Quinto. Escasa implicación ciudadana, ya sea de propias asociaciones de vecinos como a título individual. En este punto existe un reparto de culpas entre los propios ciudadanos y las administraciones (ayuntamiento, o sea, Teófila). Estas últimas no han querido hacer de este año algo más de los ciudadanos que de las instituciones. Los ciudadanos (asociaciones de vecinos, por ejemplo) han estado excluidos de “la fiesta”.

Carlo Zola

Posteado por: Carlo Zola | 5 noviembre 2012

Sus finos dedos


Sería la última vez que el periodista apagara el ordenador de la redacción. Así lo habían decidido los que toman las decisiones. Sería la última vez que en ese ordenador pulsaría al mismo tiempo las teclas “Alt+F4” para dar por terminada la jornada de trabajo. El uso continuado de las teclas, en sustitución del escurridizo puntero del ratón, lo diferenciaba de sus mayores que aún tenían dificultades en manejarse con una herramienta ya implantada en el siglo pasado.

Mientras la pantalla le preguntaba si deseaba apagar el ordenador, el periodista recordaba sus ya lejanos años universitarios en Sevilla y qué le había empujado a elegir esta carrera que tanto sufrimiento le estaba ocasionando. Sus recuerdos, antes de pulsar “Aceptar”, le trasladaron a sus primeros días en la redacción, en los tiempos de ceballos y mentideros, de admiración, descubrimientos y compañeros que ya nunca pasarán al olvido. Días de conciertos, ferias, desplazamientos y discusiones sobre la profesión en torno a un vaso. El comienzo de un hombre.

Bajando las escaleras de la redacción se juramentaba en no derramar una lágrima por lo que hoy ya no era lo que aquello sí había sido: su casa. Nada volvería a ser lo que fue. Había que mirar hacia delante. Como sus otros veintitrés compañeros despedidos intentaría ser más fuerte, un coloso ante las dificultades. Se proponía ser un hombre nuevo. Decidido, tenaz, agresivo, frío, pragmático, hermético. Ellos lo habían querido.

En el corto trayecto que le llevaba a su casa seguía firme en sus intenciones, pero al dejar atrás el portón de entrada al zaguán, y antes de coger el ascensor, se sentó en el tercer escalón de las escaleras -sus largas piernas lo validaban para ello- y se tapó la cara con sus dos manos juntas y abiertas. Y rompió a llorar. Lágrimas en abundancia humedecían sus finos dedos. Lágrimas contenidas que pedían salir al exterior de una maldita vez. Pasado un rato se sacó su fiel pañuelo de uno de sus innumerables bolsillos y lo empapó con las últimas lágrimas que le quedaban.

Al entrar en su piso vacío, se fue directamente a la cocina, abrió el compartimento del cubo de la basura y arrojó sin piedad su pañuelo. Aun con las persianas bajadas, se dirigió a su ordenador portátil, lo encendió y se puso a escribir. Por ahora, nadie le había amputado sus finos dedos.

No publicado en La Voz de Cádiz (05/11/2012)

Posteado por: Carlo Zola | 12 abril 2012

Errores del Doce


Pasado ya el tan esperado día de la conmemoración del bicentenario dela Constituciónaún nos resta todo un 2012 de acontecimientos, exposiciones y congresos. Así nos lo dijeron. Inauguraciones, pocas. Este Bicentenario habrá servido para convertirnos en pequeños expertos sobre la materia; de tal manera que, cuando vienen de fuera para hablarnos de ella, véase el caso del periodista Ignacio Ramonet la pasada semana en las Tertulias deLa Pepa, nos aburre.

Así, también nos encontramos, como en el pasatiempo de las siete diferencias, testeando y escudriñando los numerosos errores que tanto en publicaciones nacionales y locales o en guías de dudosa rigurosidad se han venido repitiendo.

Un error frecuentísimo es colocar como diputado doceañista al político, escritor y sempiterno conspirador gaditano Antonio Alcalá Galiano (1789-1865), hijo del ilustre marino egabrense, Dionisio, fallecido enla Batalla de Trafalgar (1805). Esta confusión se hace más patente dado que en la parte posterior de nuestro Monumento a Las Cortes nos encontramos sus apellidos y que vivió in situ en Cádiz durante la época del asedio francés. Así lo dejó recogido en excelentes libros de memorias. Será otro Antonio Alcalá Galiano (1762-1826) el que sí fuera diputado doceañista por Córdoba.

En algunas publicaciones también hemos visto cómo, erróneamente, para ilustrar la efeméride constitucional gaditana han situado el cuadro de Casado de Alisal “El juramento de las Cortes de Cádiz de 1810” que preside el hemiciclo del Congreso de los Diputados. La escena que reproduce el pintor tuvo lugar el 24 de septiembre de 1810 enla Iglesia Mayordela Real Isla de León.

Lo que aún nos queda sin aclarar es si realmente la población gaditana se echó a la calle aquel 19 de marzo o pasó más bien desapercibida la promulgación dela Constitución. De Castro y Solís nos hablan de que “hervía la ciudad en alborozo” y de “enfervorizada multitud”, respectivamente. En cambio, algunos creen que, ni mucho menos, fue realmente así.

Carlo Zola

Publicado en La Voz de Cádiz (02/04/2012)

Posteado por: Carlo Zola | 12 abril 2012

Navantia en la Bahía


Mientras el embajador de los Estados Unidos en España, Mr. Solomont, en entrevista a este periódico, augura nuevas posibilidades para Rota, la Bahía y la empresa pública Navantia, los trabajadores de esta empresa preparan movilizaciones para el próximo viernes 16 de marzo: trabajadores de la factoría de Puerto Real y de San Fernando vendrán andando a la capital donde los trabajadores del astillero de Cádiz los esperarán para ir juntos hasta la Subdelegación del Gobierno. La incertidumbre está calando en los trabajadores de esta empresa debido a la falta de carga de trabajo en las construcciones de Puerto Real. Incertidumbre fomentada desde el gobierno, un gobierno más gallego que su presidente que no dice esta boca es mía y todo lo aplaza para después del viernes 30 en el que saldrán los Presupuestos del Estado.

La permanencia de Navantia supone salvar a los ciudadanos de la Bahía de la muerte por inanición. Tenemos la suerte de disponer aún de tres astilleros con excelentes instalaciones y complementarios entre sí; no lo olvidemos aunque tengamos que seguir leyendo sucesivas majaderías sobre usos de suelo más beneficiosos en el caso de la capital. Castillos en el aire. Y es que no deberíamos plantearnos en estos tiempos minimizar el papel que juega Navantia en el sector económico local teniendo en cuenta que Cádiz es una ciudad que vive de la Administración (Estado, Comunidad Autónoma, provincial y local) y Navantia recibe continuamente divisas gracias a sus encargos (para numerosos armadores y armadas extranjeras) que mantienen directamente a numerosísimas empresas locales del sector naval.

Aún duele más la falta de apoyo por parte de nuestros políticos. ¡Qué diferencia al ánimo y apoyo que reciben los astilleros de Ferrol por parte de sus conciudadanos y partidos políticos! Navantia es parte de la solución y sembrar dudas juega en nuestra contra.

Carlo Zola

Publicado en La Voz de Cádiz (12/03/2012)

Posteado por: Carlo Zola | 12 abril 2012

El coro


Hacía años que no veía la Gran Final. Desde que sus hijos volaron del nido ella dejó de ver el Concurso. Ni siquiera cuando el coro de su marido actuaba en primer lugar ponía Canal Sur para ver la actuación, tal era el odio que les tenía a todos. Pero, esto no siempre fue así.

Él ya salía en el coro cuando se conocieron y esa era una razón más para presumir ante sus amigas. Tenía un novio corista. Tras los ensayos él iba a recogerla a su casa para charlar e ir a dar un paseo por la Alameda. Era el período de enamoramiento. Durante el carnaval también se disfrazaba como ellos y seguía la batea alrededor de la Plaza de Abastos como si de un paso de Semana Santa se tratara. Entonces, cambió de amigas y ya sólo trataba con las novias y esposas de los coristas. Pocos años después se casaron en una ceremonia a la que, por supuesto, no faltó el coro al completo que intercalaban los tangos con visitas al cuarto de baño.

Con el tiempo el coro se volvió una pesadilla. Tenía la esperanza de que algún día su marido lo abandonara como habían hecho otros a medida que chicos más jóvenes se incorporaban. Vana esperanza. Tantos meses de ensayos lo mantenían continuamente fuera de casa y por las noches ella lo esperaba adormilada en la cama. En los últimos años hasta los fines de semana estaba sola por las actuaciones del coro en la quinta puñeta. El coro le había robado a su marido y él tenía claro el orden de prioridades: lo primero era el coro. Hoy se arrepentía de no haber sido como una de aquéllas otras chicas que dejaron a sus novios cuando se dieron cuenta a tiempo de que no podían competir con el puto coro.

Carlo Zola

Publicado en La Voz de Cádiz (27/02/2012)

Posteado por: Carlo Zola | 17 febrero 2012

Las pantallas


Una de las consecuencias que tuvo la entrada en vigor de la Ley de Carreteras en 1988 fue la retirada de las vallas publicitarias en las carreteras estatales. A partir de entonces empezaron a desaparecer las que adornaban nuestras, por entonces, deficientes carreteras. De este modo, se minimizaban las posibles distracciones que pudieran tener los conductores cuando circulaban por carreteras interurbanas. Este era el espíritu de la norma. Como se sabe la única publicidad que se mantuvo fue la del «toro de Osborne» que en 1997 fue reconocido por el Tribunal Supremo (sí, el mismo que hoy es vilipendiado y negado por muchos que no aceptan sentencias contrarias a sus creencias y querencias) como «de interés estético o cultural». Un toro que ya forma parte de la España más cañí y hortera y que se ha incorporado a la enseña nacional con bastante mal gusto.

Así, llegamos a nuestra ciudad de Cádiz y nos encontramos con una serie de enormes pantallas de imágenes («soportes digitales de comunicación») destinadas, principalmente, a los vehículos (conductores y acompañantes). Estas pantallas LED varían continuamente sus mensajes publicitarios y del Ayuntamiento que obligan al conductor a prestar atención a las mismas incrementando sustancialmente el peligro en las vías, tanto para coches, motos y peatones. Especialmente peligrosa resulta la que se encuentra situada en el cruce de la Plaza de Sevilla. Hay que recordar que en los tramos urbanos se produce el 54% del total de accidentes con víctimas, según la DGT.

La alcaldesa, como otros, siempre ha confundido la información municipal con la propaganda de los logros de su Corporación. Así, lo vemos continuamente en las retransmisiones de Onda Cádiz que aún nos machacan con consecuciones del siglo pasado. Las pantallas engrandecen esta cultura propagandística municipal de la que es harto difícil evadirse.

Carlo Zola

Publicado en La Voz de Cádiz (13/02/2012)

Imagen extraída del Blog Perspectivo Gaditano

Posteado por: Carlo Zola | 30 enero 2012

Nuestra marca


 
Leo en el ABC un artículo de Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la racionalización de los horarios españoles, titulado «Racionalizar los horarios del fútbol», que pone en entredicho los horarios de los últimos clásicos de nuestro fútbol patrio que finalizaron a las ¡doce de la noche! Según el autor, esta irracionalidad horaria tiene consecuencias directas sobre el tiempo de descanso recomendado, menor productividad laboral, bajo rendimiento escolar para niños, adolescentes y jóvenes, aumento del absentismo, mayor probabilidad de accidentes laborales y de tráfico por la falta de sueño.
 
Y cuando termino de leerlo me paro a pensar en Cádiz y en su concurso, en los miembros de las agrupaciones que cantan cada noche hasta las tantas y que han estado ensayando durante los meses anteriores. Pienso en todos sus acompañantes, ayudantes y maquilladores, en sus parejas y en sus hijos, en el público que asiste en vivo al teatro, en los radioyentes y en los televidentes que siguen las emisiones, en los tramoyistas, técnicos y todo el personal del teatro, en los periodistas, en Mayte y en Agustín, en Germán y en Pepito. Pienso en todos ellos y en todos nosotros y en este espectáculo que tenemos montado durante más de un mes y que mostramos tan orgullosos al resto de Andalucía y al resto del mundo. Y pienso en qué pensará ese resto de Andalucía y ese resto del mundo sobre nosotros, nuestro concurso y nuestros singulares horarios.
 
En definitiva, pienso en todo esto que, al parecer, debe ser lo que se conoce como la Marca Cádiz, es decir, «La ciudad que sonríe» o, al menos, esto nos han dicho que somos. Pero, claro, otros podemos pensar que nuestra mejor marca es la del 35% de desempleo y subiendo. Y, por supuesto, sonriendo. Como los tontos.
Carlo Zola
Posteado por: Carlo Zola | 23 enero 2012

El edificio que sangra


 
 Su procedencia es bastante heterogénea. Vienen de diferentes colectivos de la ciudad y de luchas y reivindicaciones de reciente pasado: del movimiento anti-Bolonia universitario, de Salvemos La Caleta, de ‘Rock en el exilio’ contra la prohibición de la música en directo en la ciudad, de sindicatos minoritarios, de organizaciones ecologistas, algunos vienen del 15-M y los más son simplemente vecinos preocupados por la parálisis permanente de la ciudad. A esta diversidad inicial los unen algunos aspectos comunes: el hastío ante la sociedad consumista, no sentirse representados por políticos o colectivos ajenos a ellos, así como, los deseos de transformar el entorno en el que viven. Son reticentes a obedecer las normas establecidas y consideran a los medios de comunicación habituales (éste incluido) como instrumentos del poder económico y político.
 
La recuperación del edificio para su uso público y gratuito frente al uso hotelero privado al que lo había destinado la Diputación venía mascullándose desde hacía tiempo y la justificación era bien sencilla: ¿cómo un edificio con esa historia y esas posibilidades podía estar vacío, abandonado e inutilizado? Así que, días después de desalojar la plaza del Palillero entraron pacíficamente en él y empezaron a darle vida al edificio moribundo, al edificio que el enfrentamiento entre administraciones lo había dejado desangrar y que la crisis lo estaba colocando al borde de la vergüenza de los gaditanos.
 
Lamentablemente, están los incidentes de esta semana: desalojo sin comunicación a los activistas, insultos y amenazas a periodistas que sólo hacen su trabajo, interrupción de un acto público con un juez de por medio y los golpes y empujones por la autoridad policial dentro de la Universidad. Esto último especialmente grave.
 
Habrá que buscar puntos de encuentro para que este conflicto no se enquiste en el Doce. Es el tiempo de la corresponsabilidad.
Carlo Zola
Posteado por: Carlo Zola | 23 enero 2012

Adiós al 2012


 Resulta difícil hacer un resumen en trescientas palabras de lo que ha supuesto el año 2012 pero lo que sí queda claro es que a muchos nos ha dejado una sensación un poco extraña, como de vacío, como de no haber hecho todos los esfuerzos necesarios para que el Bicentenario hubiera sido lo que queríamos que fuera. Al final, muchos han dejado en la estacada a Cádiz, a sus ciudadanos y a la Constitución, las palabras se las lleva el viento y las promesas se hacen para incumplirlas. Hoy, recién acabado el 2012, nos queda la impotencia de creer que no somos capaces de más, del hasta aquí podemos llegar, de que, visto lo visto, este ha sido nuestro techo, de lo que pudo haber sido y no fue: actos que se cancelaban todas las semanas, falta de rigor en los organizadores de los mismos, poca profesionalidad, escasa preparación en el personal, problemas de alojamiento para las fechas más relevantes, nula participación; y dos lamentables imágenes para el recuerdo: la ausencia de muchos Jefes de Estado Iberoamericanos en la Cumbre y la sempiterna estampa un puente a medio hacer que nos recuerda constantemente que hubo tiempos mejores.
 
En mi caso también había puesto mis expectativas en los ciudadanos de Cádiz pero ha sido frustrante como han faltado a su destino. No han querido acometer responsabilidades y, por culpa de enfrentamientos partidistas, se han ausentado de los actos verdaderamente importantes. La alcaldesa con su lenguaje excluyente («conmigo o contra mí») ha impedido que el año del Bicentenario fuera una celebración de todos los gaditanos y no solo de sus electores, aún siendo éstos una gran mayoría.
 
En fin, que el 2012 no volverá y un general ambiente de frustración colectiva se ha agarrado a la Tacita de Plata como un náufrago lo haría a los maderos de un barco hundido.
 
Carlo Zola

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